En esta nota veremos cómo el cristianismo dejó de ser un
credo perseguido por las autoridades políticas del Imperio Romano para
convertirse en el centro de las políticas religiosas del emperador Constantino.
Constantino nació en Naissus (actual Nish), tal vez en 272 o
273 d.C., hijo de Constancio Cloro y Minervina. Gobernó a partir del 306 d.C.,
después de que las tropas de su padre lo declararan augusto del Imperio Romano
de Occidente. Gobernó hasta su muerte en el 337 d.C.[1]
El encuentro de Constantino con el cristianismo marca el momento en el que los
cristianos dejan atrás un periodo de persecución imperial y se convierten en el
centro de las políticas religiosas del emperador.
Alrededor
de Constantino se ha creado un debate historiográfico, conocido como la problemática de Constantino, que busca
dilucidar los motivos por los cuales el emperador favoreció al cristianismo. En este sentido el
presente texto busca dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿cómo es que el
cristianismo dejó de ser una religión ilícita a través de las intervenciones de
Constantino? y ¿Cuáles fueron los motivos detrás de estas intervenciones? Para
responderlas, vamos a centrarnos en el camino que recorrió Constantino hasta
convertirse en cristiano y en las distintas políticas religiosas
mediante las
cuales favoreció al cristianismo.
El primer encuentro de Constantino
con el cristianismo lo podemos fechar para fines del 303 d.C. durante el
mandato del emperador Diocleciano[2].
Diocleciano decretó una persecución oficial a través de la promulgación de
cuatro edictos contra los cristianos: el primero ordenaba la destrucción de sus
edificios de culto, el segundo iba dirigido contra los clérigos, el tercero
permitía someter a tortura a los cristianos que no abjurasen de su fe y el cuarto, obligaba a todos los súbditos
del Imperio a ofrecer sacrificios en honor de los dioses romanos bajo pena de
muerte[3].
A partir de este momento, el
acercamiento de Constantino fue un proceso progresivo que incluyó varias
etapas: seguimiento de la religión tradicional romana, apego a una divinidad
desconocida y, finalmente, su conversión al
cristianismo.
El 305 d.C. fue testigo de la
primera etapa religiosa de Constantino. Asume el título de Herculius al ser declarado emperador por las tropas de su padre. Para Fernández esto es importante ya que
“parece indicar que Constantino comulgaba con los principios teológicos de la
tetrarquía”[4].
La
segunda etapa religiosa del emperador comienza cuando desconoce a Majencio como
emperador de Occidente, y decide fundar una dinastía propia bajo la protección
de una deidad desconocida. Seguido de esto, se enfrenta a Majencio en la famosa
batalla del Puente de Milvio (312 d.C.). Al salir vencedor proclama que había
vencido gracias a la inspiración divina y a la intervención de un dios
desconocido[5]. El término “inspiración” resulta ambiguo, no
hay coincidencia entre las dos principales fuentes antiguas que narran los
hechos, y que describen los supuestos símbolos que lo llevaron a la victoria:
el crismón, la cruz ansata, y el labarum.
En este sentido la numismática (Disciplina que estudia las monedas y medallas,
principalmente las antiguas[6]) nos
ayuda a poner los pies sobre la tierra. Por ejemplo, nos indica que el crismón[7] en
las medallas emitidas en la época simboliza un “rango imperial” y no religioso[8].
Tras su victoria en Milvio,
Constantino se reúne con Licinio en Milán en el 313 d.C. Ambos emperadores
acuerdan otorgar la libertad de culto en el imperio. A partir de este momento
el fervor religioso de Constantino se eleva y su acercamiento al cristianismo
se hace cada vez más palpable.
Lo anterior queda de manifiesto
durante la querella donatista en la cual Constantino se pronuncia a favor de
Ceciliano como obispo legitio de la
ciudad de Cartago[9].
Este conflicto fue un “problema disciplinario provocado por la elección de
Ceciliano como Obispo de Cartago en el 312, sin embargo, una mayoría de fieles
impugnó la elección y consagró obispo a Donato”[10].
Ya para la última etapa religiosa
del emperador, Constantino hace oficial su adhesión al cristianismo y se vuelve
un mediador sobre temas teológicos cismáticos entre iglesias. Su adhesión se
oficializa el declarar que “Cristo le había librado de los males y mostrado una
enseñanza que le procuraba la protección y salvación personal a él y a todos
los que estuvieran dispuestos a obtenerla”[11].
Posteriormente, Constantino participa y apoya el concilio de Nicea del 325
d.C., en el que se definió una fórmula de la fe (credo) y el establecimiento de
la fecha de pascua. Constantino sella su fervor cristiano con broche de oro al
ser bautizado en su lecho de muerte en el 327 d.C.
Podemos decir que las principales
acciones que realizó Constantino después de abandonar la Tetrarquía y que propiciaron
la transformación del cristianismo en una religión lícita fueron: la
declaración de la libertad de culto, su participación en las querellas
donatista y arriana, la definición del credo y la fecha de pascua durante el
concilio de Nicea.
De acuerdo con Moreno podemos hablar
de una conversión “con todo rigor
conceptual”, ya que si Constantino abandonó la religión tradicional romana
“fue porque el cristianismo le había resultado más eficaz en la guerra, en la
política, en general, en la vida”[12],
además de ser una herramienta para lograr cierto acuerdo y estabilidad política
en el imperio. En este sentido, Fernández señala que Constantino se acercó al
cristianismo por voluntad propia[13].
Sin embargo, para Balmaceda, las intervenciones de Constantino en los asuntos
de los cristianos son acciones que también estuvieron motivadas en “su
compromiso con el cumplimiento de los deberes y funciones que le correspondían
como emperador”[14] , y
bajo la potestad específica que le otorgaba su cargo de pontifex maximus: asegurar la pax
deorum, modificar el calendario, mantener la unión del imperio. Pero, si
miramos estas “intervenciones” en su tiempo, eran parte de las tareas
esenciales de la autoridad imperial.
Por
Enrique Gaytán Ramírez, estudiante de la Lic. en Historia.
[1]Cameron,
Averil. “Constantine and the ‘peace of the church”, en Mitchell M., y Young F,
(eds.) The Cambridge history of
Christianity, Cambridge: Cambridge University Press, 2006,
pp 539-540.
[2] Fernández, José. “Constantino y
el triunfo del cristianismo en el imperio romano”, en Sotomayor, M., Fernández,
J. (eds.) Historia del cristianismo I. El mundo antiguo, Granada:Trotta, 2003.
[3] Teja, Ramón. “El cristianismo y el imperio romano”, en
Sotomayor, M., Fernández, J. (eds.) Historia del cristianismo I. El mundo
antiguo, Granada:Trotta, 2003, pp 313.
[4] Fernández, José. “Constantino y el triunfo del cristianismo en el
imperio romano”, en Sotomayor, M., Fernández, J. (eds.) Historia del
cristianismo I. El mundo antiguo, Granada:Trotta, 2003, pp 332.
[5] Moreno, Esteban. “Constantino y
su relación personal con el cristianismo: de la piedad tradicional a la
conversión”, Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 18, 2013.
[6] Diccionario RAE.
[7] Monograma formado por la cruz y las dos primeras letras del nombre
griego de Cristo.
[8] Fernández, José. “Constantino y
el triunfo del cristianismo en el imperio romano”, en Sotomayor, M., Fernández,
J. (eds.) Historia del cristianismo I. El mundo antiguo, Granada:Trotta, 2003.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd., 348.
[11] Moreno, Esteban. “Constantino y su relación personal con el
cristianismo: de la piedad tradicional a la conversión”, Ilu. Revista de
Ciencias de las Religiones, 18, 2013, pp 195.
[12] Moreno, Esteban. “Constantino y
su relación personal con el cristianismo: de la piedad tradicional a la
conversión”, Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 18, 2013, pp 200.
[13] Fernández, José. “Constantino y
el triunfo del cristianismo en el imperio romano”, en Sotomayor, M., Fernández,
J. (eds.) Historia del cristianismo I. El mundo antiguo, Granada:Trotta, 2003.
[14] Balmaceda, Catalina. “Constantino.
Emperador Cristiano-Emperador Romano”, Teología y Vida, 61/2, 2020, pp 159.
