El genocidio armenio fue llevado a
cabo por el Imperio Otomano y se estima que acabó con la vida de entre un
millón y dos millones de personas, lo que representó el aniquilamiento de más
de la mitad de la población armenia en ese momento.
Para fines del siglo XIX la zona de
Armenia estaba bajo el control del Imperio Otomano, encabezado por el sultán
Abdul Hamid II, quien gobernó desde 1876 hasta 1909[1].
Se trataba de un reino multinacional y plurirreligioso que contenía diferentes
minorías a las que se toleraba, en teoría. La religión oficial era el Islam y
la lengua turca y a los que no se identificaban con estas características, se
les diferenciaba con el pago de impuestos especiales, que es una práctica común
en todos los califatos y que establecía a estas minorías como habitantes de
segunda con ciertas restricciones sociales y políticas.
Durante el gobierno del sultán Hamid
II se llevaron a cabo dos grandes matanzas de armenios. La primera llamada
Haminianas, en honor al sultán, tuvieron lugar entre 1894 y 1896 y se calcula
entre 200.000 y 300.000 armenios muertos. La razón principal refiere a que
estuvo orquestada con el fin de generar terror entre las autoridades armenias y
así evitar el desarrollo de un sentimiento nacional que eventualmente termine
en el pedido de independencia de este pueblo.
La segunda matanza se denominó
masacre de Adana, tuvo lugar el 13 de abril de 1909 y se estimaron entre
15.0000 a 30.000 armenios asesinados. También se registraron destrucciones y
saqueos en esa zona. Este hecho se generó en medio de un golpe de Estado-
Revolución que sufrió el sultán por parte de los Jóvenes Turcos que hasta ese
momento habían sido aliados a este.
Hamid fue obligado a abdicar ese mismo año y este grupo fue el que
gobernó, liderados por dos sultanes títeres hasta el fin del Imperio en 1922[2].
Del
golpe de Estado al Inicio del genocidio:
Los Jóvenes Turcos, asociación
creada a fines del siglo XIX, tenían como principal objetivo volver homogéneo
el Imperio que era heterogéneo en el sentido de la cantidad de minorías que lo
conformaba. El Imperio Otomano ya se
encontraba en un proceso de disolución y debilitamiento político y la
Revolución acentuó este proceso.
Los Jóvenes Turcos se aprovecharon
de la situación de crisis hacia el interior queriendo impulsar un patriotismo
otomano por encima de las divisiones étnicas, lingüísticas y religiosas. Este
nacionalismo en crecimiento brindó esperanzas de un futuro imperialista y
también creó grandes hostilidades hacia los extranjeros, especialmente
hacia Gran Bretaña y Rusia, e
intensificó la búsqueda de traidores hacia el interior del Imperio.
Con la pérdida de gran parte del
Imperio y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, los otomanos
fueron parte de la Triple Alianza junto al Imperio Alemán y Austrohúngaro. Esto
permitió visibilizar el lugar que ocupaban estas minorías conformadas por
armenios, griegos, kurdos y judíos. Hasta ese momento los ataques contra estas
minorías habían tenido una naturaleza local; sin embargo, a partir del
progresivo crecimiento del nacionalismo otomano al interior del partido
gobernante se tomó la decisión de realizar un aniquilamiento general en tanto
se consideró que estos grupos amenazaban
la seguridad nacional[3].
El 24 de abril de 1915 comenzó el
genocidio armenio dirigido por el gobierno y llevado a cabo por el ejército
otomano. Las primeras medidas que se llevaron a cabo fueron el desarme de la
población armenia en general, soldados y civiles para evitar posibles
revueltas, y se dictaron órdenes de detención para aproximadamente seiscientas
personas entre los que se encontraban intelectuales y políticos, entre otros,
para desmantelar los liderazgos de los diferentes grupos.
Desde 1915 hasta 1923 se produjeron
todo tipo de aberraciones hacia la población armenia que se encontraba
desmembrada y completamente abandonada a su suerte. Se crearon veinticinco
campos de concentración, donde reinaba el trabajo forzado, las hambrunas y la
muerte por hacinamiento y enfermedades. Al no existir un plan de matanza
sistemático se recurrió a todo tipo asesinatos improvisados por el ejército.
Según la zona y tamaño de los grupos, se realizaron fusilamientos, se
utilizaron horcas e incluso existieron crucifixiones. Además, se los despojó de
sus propiedades y se saquearon sus bienes en general[4].
La deportación fue el hecho que
desencadenó la mayor cantidad de muertes. Comenzaba con la expulsión de los
armenios y la imposición de caminar enormes extensiones de territorio hasta las
fronteras del Imperio. El cansancio físico, la amenaza, maltrato y falta de
agua y comida provocó la mayor cantidad de muertos que fueron abandonados al
costado del camino.
El genocidio armenio fue el primero
impulsado por razones ideológicas sin que se encuentren razones de un
determinismo racial. La implementación del asesinato en masa tomó por sorpresa
a la población en general y quedó oculto tras el desarrollo de la Guerra
Mundial y la posterior caída del Imperio[5].
El estudio del genocidio armenio, a
diferencia del Holocausto, presenta múltiples inconvenientes a la hora de
querer hacer un análisis profundo. A
pesar de las incontables víctimas y presencia de testigos extranjeros, la política
de negación llevada a cabo por el gobierno turco impide la posibilidad de
acceso a determinadas fuentes y documentos de esa época.
A
pesar de la enorme cantidad de sobrevivientes que prestaron testimonio y las
posteriores investigaciones llevadas a cabo, luego de cien años del inicio del
genocidio, Turquía sigue negando la existencia del mismo. No existió ninguna
política de ratificación ni de reconocimiento hacia los que lograron escapar y
que sufrieron, además de su propio riesgo de muerte, la pérdida de su familia y
seres queridos. Muchos de los que lograron huir, también, sufrieron las
consecuencias de la pobreza, la hambruna y posterior fallecimiento en países
limítrofes.
En contraste con el Holocausto, el
genocidio armenio está poco visibilizado, en parte por la falta de culpables y autocrítica
de los responsables. En 1919 se realizaron tres juicios dentro de Turquía a los
cuales no es posible acceder a sus registros. El sociólogo Raphael Lemkin fue
el primerio en utilizar en 1944 el concepto de genocidio para referirse “a la destrucción de una nación o de un
grupo étnico”[6].
En Argentina se encuentra la tercera
comunidad armenia más grande del mundo, conformada por hijos y familiares de
sobrevivientes que continuaron con las costumbres, idioma y religión. Cada 24
de abril las colectividades armenias de todo el mundo conmemoran y brindan
homenaje a las víctimas en busca de reconocimiento y conservación de la
memoria.
Libro recomendado:
El puñetazo en la puerta
de Margaret Ajemian Ahnert
En
esta obra se narra la historia de Ester, sobreviviente del genocidio y madre de
la autora. Ester, perdió a parte de su familia durante el genocidios y logró
escapar a Estados Unidos donde formó parte de una comunidad armenia que mantuvo
latente la memoria de los acontecimientos. Se trata de un crudo relato en
primera persona de lo que se trató la expulsión de su hogar, la separación de
la familia y la posterior larga marcha a la que pocos sobrevivieron[7].
Por Micaela Rodríguez
[1]Chalk, F y Jonassohn, K. 2010. “Los armenios en Turquía” en Historia y sociología del genocidio,
Buenos Aires: Prometeo Libros, [1990].
[2] Akçam, T.
2010. “Prefacio” en Un acto vergonzoso, Buenos
Aires: Colihue, [2006].
[3] Hobsbawm E.
2013. “La razón y la sociedad” en La era
del Imperio. Buenos Aires: Crítica, [1987].
[4] Akçam, T.
2010. “Prefacio” en Un acto vergonzoso, Buenos
Aires: Colihue, [2006].
[5] Alem, J.
1959. “Conclusión” en Armenia, Buenos
aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.
[6] Shaw, M.
2013. ¿Qué es el genocidio?, Buenos Aires: Prometeo Libros.
[7] Ahnet, M.
2010. Puñetazo en la puerta, México:
Siglo XXI, [2007].
