Lo interconectado del mundo de hoy
El verano pasado me tocó visitar San Juan en mis vacaciones. Al llegar me sorprendió un cartel escrito en chino con la fotografía de los Andes. Se trataba de un convenio minero entre China y la Provincia. A su vez, encontré un parecido entre el centro sanjuanino y el barrio porteño de palermo, con sus cervecerías y hamburgueserías donde los jóvenes consumimos papas -producto andino- con cheddar -de origen anglosajón- y panceta rebautizada “bacon”. A medida que uno se alejaba, se iba encontrando con particularidades locales como las deliciosas semitas[1] que acompañan el mate o el carácter sagrado de la siesta. Al volver a Buenos Aires, me llamó la atención algo que, viviendo acá, ya había naturalizado: la inmensa oferta de chipá, rostros y pieles de todos los continentes y países imaginables que coincidía con una 9 de Julio inundada de carteles LED con publicidades en una emulación criolla del centro neoyorquino
Las tensiones, concurrencias
y antagonismos entre lo local y lo global parecen ser una característica de
nuestro tiempo. Sin embargo, si buscamos en estudios históricos sobre los
inicios de “la modernidad” podremos observar que estos fenómenos no son tan
novedosos como creemos. Y si bien los constantes saltos tecnológicos de las
comunicaciones y transportes en los últimos siglos han dado dimensiones
inéditas a este proceso, se hace también evidente que lo aparentemente nuevo no
es tan nuevo y que lo viejo a veces no deja de ser contemporáneo.
"La Modernidad" y lo contemporáneo del pasado
Veamos cómo Gruzinski[2]
entiende el paso a la modernidad hace aproximadamente cinco siglos. En desmedro
de las miradas que ponen el foco en procesos meramente europeos, como la
creación de Estados-Nación o el racionalismo, el autor busca descentrar la
mirada para buscar un enfoque cuya clave son las “historias conectadas”, el
mestizaje y los puntos de contacto entre diversas sociedades a partir de la
expansión ultramarina europea que tuvo ,lugar a partir del siglo XV. Por eso
habla de “otra modernidad” en la que “por primera vez en su historia, libros y
navíos circulan en todos los océanos”.
Con la expansión europea
comenzaron a viajar conquistadores, mercaderes, libros y las tecnologías
necesarias para su elaboración alrededor del mundo. Si bien inicialmente este
fenómeno estuvo dirigido por Europa en su afán evangelizador y conquistador, no
es menos certero que en los lugares de llegada de los europeos existió un
proceso de apropiación de la palabra impresa. Un ejemplo de esto es la
adaptación a la escritura latina de lenguas amerindias hasta entonces
analfabetas. En este sentido es que Gruzinski da cuenta de un fenómeno de ida y
vuelta entre sociedades cada vez más diversas que no necesariamente tuvieron a
Europa como principal emisor o receptor. La inicial transferencia europea de la
tecnología de la imprenta y la mundialización de sus idiomas fueron parte
esencial de la “primera mundialización”. Sin embargo, es central la atención
que el autor le presta a las idas y
vueltas que caracterizaron a esta “otra modernidad”. Por ejemplo, los
eruditos europeos tuvieron que enfrentarse a la novedosa presencia de otras
formas de expresión del saber -ideogramas chinos, pinturas pictográficas
mexicanas-, etc. También se encuentra en un primer plano la magnitud de la
migración mundial. Las personas comenzaron a percibir su tiempo y sus espacios
vitales a partir de su lugar natal, su lugar de residencia y el horizonte
planetario en el que registra estos movimientos. Las distancias -y al mismo
tiempo proximidades- eran “inéditas”.
Como vimos, el historiador
francés propone la puesta en escena de otros espacios, configuraciones
políticas, imaginarios y actores no europeos. De este modo, la “otra
modernidad” está caracterizada por los nuevos “espacios intermedios” o “middlegrounds” en los cuales lo local y
lo global, “la patria” y “el mundo” se comienzan a confundir y entrelazar. En
palabras del autor, las partes del mundo se acercaron y transformaron unas a
otras, a partir de movimientos tanto humanos como de mercancías y libros. Lo
particular de esta primer mundialización fue el surgimiento de una conciencia
global que dimensionó por primera vez al planeta como espacio compartido por la
humanidad toda, generando un cambio de autopercepción de cada sociedad, así
como de su relación con las otras. Las identidades y fronteras presentes en el
mundo se vieron ampliadas y entraron en nuevas disputas a partir del carácter
cada vez más confuso de los límites, proceso que dio lugar al imaginario de un
mundo móvil y diverso en constante metamorfosis.
Es curioso que en nuestra
dinámica actual tendamos a pensar que la globalización y las tensiones que
conlleva como fenómenos puramente actuales, novedosos e inéditos. Y a pesar de
que, por la extensión de esta nota no hemos reparado en las miles de novedades
económicas, políticas, sociales, ambientales y tecnológicas que han ido
aconteciendo en este período tan largo, el estudio de problemas de más larga
data, tal como el carácter interconectado de la modernidad, pueden ser útiles
para dimensionar lo contemporáneo de aquél pasado en el que nuestro presente se
inscribe.
Por Ramiro Segovia, estudiante de la
Lic. en Historia.
[1] Harináceo similar a los biscochos de grasa.
[2] Gruzinski, S. 2010. “Otra modernidad” en Las cuatro partes del mundo. Historia de una
mundialización, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 71- 98.
