La epidemia de peste del siglo XIV fue, en contexto,
la más devastadora de la historia de la humanidad. Arrasó ciudades enteras,
provocó desastres demográficos enormes y un daño irreparable al sistema
económico medieval. Sin embargo, no fue la primera aparición de esta infección.
A lo largo de este artículo, veremos su origen y desarrollo.
Primeras apariciones
Uno de los primeros episodios de peste bubónica se dio durante el
siglo VI. El lugar fue Constantinopla (actual Estambul), capital del Imperio
Bizantino que partir del año 542 sufrió una devastadora epidemia. En el puerto de Pelusium comenzó la denominada Plaga
de Justiniano, la cual aparecería regularmente durante dos siglos. Según
Procopio de Cesarea, la peste se había originado en Egipto y "en el
segundo año alcanza Bizancio en mitad de la primavera...”. A Procopio de
Cesarea le debemos el reconocimiento de la enfermedad. Es el primer cronista en
mencionar a los "bubones". El nombre "peste bubónica"
proviene de esta observación. Esto sentó un precedente, para más adelante,
reconocer la naturaleza de las futuras epidemias. Mientras tanto Justiniano,
enfermo de peste, llevó a cabo una de las primeras medidas políticas
relacionadas a salud pública. Mediante la sanción de una ley, el Emperador
comenzó a aislar a toda aquella persona que llegara desde regiones infectadas
por la plaga y evitar así un contagio mayor. El plan de Justiniano no resultó
exitoso debido a que se desconocía el vector (portador) de la enfermedad: las
ratas. A su vez, estas funcionaban de vector de las pulgas y mediante su
picadura la enfermedad era transmitida al ser humano.
La Gran Peste
La epidemia más grande de peste se dió en el siglo XIV, arribando
a Europa entre 1345 y 1347. Hay debate sobre su origen, algunas fuentes sitúan
el inicio en Medio Oriente, más precisamente entre China y Mongolia. Le
evidencia indica que entre 1331 y 1334 aniquiló a más de cinco millones de
personas en las zonas rurales chinas. Su número de víctimas en Europa se
calcula alrededor cuarenta millones de personas, alrededor de la tercera parte
de la población europea. Dentro de las historias sobre su ingreso en el
continente europeo encontramos el primer brote en Caffa, en donde se cuenta que
los tártaros, en guerra con los genoveses y afectados por la peste, arrojaban
los cadáveres a la ciudad para causar la muerte de estos.
Una creencia muy común es que su nombre se debía a los bubones
ennegrecidos que surgían sobre la piel una vez avanzada la enfermedad. Hoy por
hoy sabemos que la palabra “negra” es un uso metafórico para señalar su
virulencia mientras que el término “peste negra” recién comenzó a usarse en
mediados del siglo XVI. Las crónicas de la época la conocían como Pestis
Atrocissima o simplemente como Peste.
La expansión
La epidemia se ramificó en tres rutas
comerciales. Septentrional, hacia el Mar Negro, otra hacia la costa del Mar
Caspio y la más meridional abarcó las costas de África. Mediante barcos
provenientes del Mar Caspio llegó a Constantinopla y su expansión hacia las
islas mediterráneas fue total. En diciembre de 1346 arribó a Messina mediante la ruta comercial
de Crimea y desde allí se esparció hacia Asia Menor, Sicilia y el resto de
Europa. Los puertos mediterráneos comerciaban con distintos puntos del
continente, con lo cual la ramificación hacia la Italia meridional fue
inminente. Los esfuerzos por enfrentar la enfermedad fueron en vano. Giovanni
Boccaccio comenta en su Decamerón que "casi todos antes del tercer día de la aparición de las señales, quien
antes, quien después, morían...". La desesperación era tal que
hasta se crearon médicos con contratos específicos para tratarla mediante
diversos medios tales como sahumerios, sangrías y también, oraciones. Con la
llegada de la peste a Venecia en 1347, se incorpora la cuarentena. Del italiano
“quaranta giorni”, era el mecanismo por el cual los barcos permanecían anclados
cuarenta días previo a ingresar a los puertos y se evitaba una propagación aún
mayor de la enfermedad. Algunas fuentes señalan que el origen de la cuarentena
se lo debemos a Marsella. Sin embargo, la popularidad del método llega de la
mano de los venecianos. La razón de por qué cuarenta días y no más o menos
tiene connotación religiosa y está relacionada con los cuarenta días que Jesús
pasó aislado en el desierto.
Continuando con la expansión, en enero de 1348 arribó en Avignon
y en agosto a París, matando 80.000 personas. Hungría y Polonia fueron
afectadas. El primero de noviembre de 1348 se declara la enfermedad en Londres y
sus consecuencias fueron fatales. Para 1349 alcanzó a los países nórdicos.
Suecia, Dinamarca y particularmente Islandia, sufrieron una baja demográfica
sustancial. Por último, para finales de 1351 siguió a Groenlandia, en donde el
contagió comenzó a descender hacia 1353 debido a que el grado de latitud y el
frío polar no permitieron su avance.
Aun así, se conocen diversos rebrotes
posteriores. En el siglo XVI, reapareció en Francia y algunas zonas de Italia.
Y entre 1665 y 1666, conllevó a la Gran Peste de Londres, la más grande desde
el siglo XIV, que mató 70.000 personas y solo disminuyo para finales de 1666
debido al Gran Incendio.
Por Alejandro Prieto, estudiante de la Lic. en Historia
Bibliografía:
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Bocaccio, G. 1349. Decamerón.
