En el siguiente texto analizaré el
libro del historiador Matthew Restall Los
siete mitos de la conquista de América, más específicamente el capítulo 4
llamado “Bajo el dominio de su majestad el rey. El mito de la completitud”.
El título de este texto es
particularmente llamativo, ya que el empleo de la palabra mito nos interpela
desde un primer momento, nos atrapa, queremos saber a qué se refiere el autor.
Restall aclara que en el texto no utiliza el término en su sentido clásico, es
decir, “En narraciones y creencias populares que presentan sistemas religiosos
y personajes sobrenaturales, sino en la acepción que designa algo ficticio que
suele aceptarse como cierto, ya sea parcial o completamente”[1]. Por
otra parte, con completitud hace referencia a la proclamación por parte de los
españoles del fin o la completitud de la conquista en 1521.
Como podemos observar, el autor crea
una interrelación entre los dos términos, problematiza e indaga en las
consecuencias de la proclamación del fin de la conquista en 1521, la declara
como un hecho ficticio que para sus protagonistas (los españoles, aquellos que
escribieron la historia) fue real cuando sucedió.
En la primera parte del texto el
autor explica las razones por las cuales los primeros españoles, al llegar a
América, se apuraron en proclamar la conquista frente a la Corona. Un motivo
fue el sistema de vasallaje que tenía la monarquía española, a través del cual,
se pagaba una recompensa una vez que se cumplía la conquista y no antes. El
otro era la ideología de justificación imperial, que presentaba la conquista
como un designio divino y a los españoles como agentes de la providencia[2]. Es
por esta razón que el hecho de la conquista, de por sí conllevaba una
ritualización: una representación, un escenario en el cual en sus cabezas la
conquista ya estaba completa, porque venían en nombre de Dios y de la Corona.
En la segunda parte del libro el
autor desarrolla las siete dimensiones del mito de la completitud: la supuesta
rapidez de la conquista, la incapacidad de los españoles de conquistar las
áreas periféricas, la paz colonial (el supuesto de que los colonos dominaban y
los indígenas se sometían voluntariamente), los actos de resistencia cotidiana
indígena, el grado de autonomía que pudieron conservar dentro del imperio
español, el mito de la conquista espiritual que nunca se consumó totalmente, y la final -consecuencia de todas
las anteriores- la persistencia de la cultura indígena[3].
El interés que me despertó este texto
se encuentra en la cuarta y en la séptima dimensión que desarrolla: la
resistencia cultural indígena y la persistencia de su cultura. Me gustaría indagar este tema
porque pienso que fue un proceso mucho más largo y complejo que el retratado
por los españoles, por gran parte de la historiografía que los sucedió, e
inclusive, por el mismo Restall.
En
el transcurso del desarrollo de la colonización surgió un sincretismo cultural
que me parece de suma importancia indagar y estudiar. Pienso que este interés
nace en parte por estar personalmente afectada por esta fusión cultural. Al ser
una mujer latinoamericana vivo y convivo con las consecuencias de este choque cultural
a diario, en mi educación, en mis amigos de diferentes procedencias étnicas, en
la concepción religiosa mía y de quienes me rodean, en mi alimentación, etc. Me
gustaría deconstruir las concepciones que postulan nuestra procedencia cultural
europea y sistemáticamente ocultan las influencias de los pueblos indígenas,
para ello me interesaría estudiar las dos dimensiones del mito de la
completitud anteriormente mencionada, los distintos modos de resistencia y
persistencia de la cultura indígena.
Analizando
el texto y a su autor, Matthew Restall (un historiador blanco, inglés, de
mediana edad), pude leer y encontrar todas estas marcas, que definen su
identidad y por lo tanto su texto. Pienso que en su pluma está el peso de su
cultura, y que si bien su investigación es muy valiosa y quita el foco de una
mirada eurocentrista, en ocasiones recae en el mismo error de aquello que le
critica a los españoles: la supremacía blanca y la unidimensionalidad del
relato histórico.
Esto
se puede ver particularmente retratado en el uso de las fuentes del autor. En
la introducción del libro señala que las fuentes que utiliza son muy diversas,
abarcando documentos escritos por españoles, americanos indígenas y africanos
occidentales que conocieron la experiencia de la conquista y sus consecuencias[4].
De todos modos, en el capítulo que me dispongo a analizar en estas páginas
particularmente no menciona fuentes indígenas o africanas, sólo critica e
intenta contextualizar las fuentes europeas, explicando las diversas contradicciones
de quienes las escribían. Aunque me parece un gran avance, creo que podría
haber empleado una mayor cantidad de fuentes de los “colonizados”, aunque
fueran posteriores, escritas por mestizos, para lograr un relato más completo
de la conquista.
Sin
embargo, podemos observar como el autor utiliza la teoría para poner de relieve
la multiplicidad de hechos, complejizando el mito, explicando por qué surgió y
porqué se mantuvo en el tiempo. Al
proponerse desmitificar el mito de la completitud de la conquista, lo intenta
hacer desde diferentes ángulos (aunque a veces lo logre más que otras). Pienso
que este marco general puede servir como punto de partida para la
profundización de distintas aristas del mito.
En
todo el capítulo los actores de las acciones a las que se refiere el texto son
en cierta forma antagonistas, los colonizados y los colonizadores. Por la misma
esencia de la relación, en la historia los colonizados fueron renombrados como
indios (se usaron otros términos, pero este es el más conocido y utilizado)
arrancándoles parte de su identidad. Es interesante cómo se puede ver desde el
primer momento la posición de Restall al mencionarlos como aborígenes, incas,
etc. Se muestra respetuoso con la palabra del otro. A pesar de ello, cuando
releía el texto no pude evitar observar algo que en un primer momento parece
nimio, que es la distribución del mismo escrito. En su narrativa privilegia la
“historia de los conquistadores” explicando su accionar, su cosmovisión y su
cultura. Dejando de lado la “historia de los conquistados”, de los nativos.
Apenas menciona en un párrafo sus modos de resistencia, su persistencia
cultural, las alianzas que lograron con los españoles y su rol totalmente
activo en la conquista. Si bien son cosas que reivindica a lo largo del
capítulo, les da una importancia secundaria, las menciona, no las profundiza
(como sí lo hace con el accionar de la Corona, por ejemplo).
En
conclusión, el texto da un buen marco para comenzar a estudiar los modos de
resistencia indígena durante toda la conquista y la persistencia de su cultura
a lo largo de toda la colonización y hasta la actualidad. Pero, a pesar de su
gran aporte en este sentido y en problematizar las fuentes que utiliza,
contextualizar el mundo y los modos de los conquistadores, el texto también
tiene sus limitaciones. Dado que en la deconstrucción que intenta hacer sobre
la conquista se queda a medio camino. No termina de realizar un balance justo
sobre la participación de los distintos actores en la conquista, y si bien
rompe con la supuesta supremacía de los conquistadores sigue ubicándolos como
eje central del proceso. Es en este sentido que pienso que es un texto un poco
limitante, ya que si bien Restall saca a los indígenas de un lugar totalmente
pasivo sigue sin indagar en las sutilezas de sus resistencias, en los distintos
modos que hubo dependiendo del género, de la ubicación geográfica, etc. Por
último, la otra gran limitación del texto, es la procedencia del autor. Aunque
quisiera, no podría capturar en su totalidad los sincretismos que surgieron a
partir del choque de las dos culturas y que perduraron hasta el día de hoy y
con los que convivimos como latinoamericanos todos los días.
Por
Ana Miniotti, estudiante de la Lic.
en Historia.
Escrito en el marco de la materia Taller
de Lectura y Escritura Histórica.