En este escrito me dispongo a realizar un comentario del libro El miedo en
Occidente, de Delumeau, publicado en 1979. Particularmente me
centraré en los capítulos “Tipología de los
comportamientos colectivos en tiempos de peste” y “¿Quién es el culpable?”.
Por otro lado, también comentaré el libro Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, publicado
en 1722.
En
ambos textos me llamaron la atención las descripciones del comportamiento de las
personas en tiempos de la peste y me gustaría ahondar en esta perspectiva. El
aspecto que considero puntualmente interesante es la búsqueda de culpables, que demuestra la mezquindad de mucha gente al querer extirpar parte de
su propia comunidad para salvarse. Más
allá de las distancias históricas, es sorprendente
la semejanza palpable con el presente. Hay muchísimo para reflexionar, pero me centraré
en aspectos puntuales de los textos que reconstruyen esta idea, y que permiten acercarnos como
lectores a un texto de siglos atrás que se
siente muy actual.
Daniel Defoe es famosísimo por sus obras de Robinson Crusoe, y es
considerado el padre de los novelistas ingleses. Por esto no es de extrañar que
podamos
observar una escritura exquisita en el texto de Diario del año de la peste. Pero también hay otra observación
que me parece muy importante y es que,
además de sus novelas de aventuras, Defoe era un panfletista político y
religioso, y esto no queda allí, sino que también realizó poemas satíricos. Esto
le dio la experiencia para reflejar los comportamientos de sus contemporáneos y
exponerlos sin sentirse culpable. De hecho, podemos observar esto en la
siguiente cita del libro:
“Tras la peste de Londres, quien hubiera visto la situación en la
que acababan de hallarse los habitantes,
y lo tiernos que se habían vuelto éstos entre sí, prometiéndose que en el
futuro sólo caridad tendrían y no se
dirigirían más reproches, ese alguien, digo, habría pensado que por fin reinaría entre todos otro espíritu. Pero no
fue posible. Las rencillas subsistieron. La Iglesia y los presbiterianos eran incompatibles. Tan pronto
como la peste se acabó, los ministros católicos
echaron afuera a los disidentes que habían ocupado el púlpito por
ausencia de los titulares”[1]
Se observa claramente que critica el comportamiento hipócrita de
las personas, como también a la Iglesia
y su poca tolerancia. Por supuesto que Defoe estaba acostumbrado a ser perseguido,
de hecho, fue condenado a la picota en varias ocasiones, y hasta fue arrestado
por su ironía. También es de destacar una
crítica a los gobernantes en la mismísima
primera página:
“[…] parece que el Gobierno estaba bien informado del asunto, y que
se habían celebrado varias reuniones
para estudiar los medios de evitar la reaparición de la enfermedad; pero todo
se mantuvo muy secreto”[2]
A
través de estas citas uno se puede dar cuenta de la
cercanía que se puede tener con el texto, ya que no es esquivo a temas religiosos o políticos, sino que expone a todos por
igual.
Por otro lado, tenemos a Delumeau, un historiador francés
especialista en actividades religiosas
en el período del Renacimiento. Esta especialización se ve explícita en el
capítulo sexto de la obra señalada, ya
que las explicaciones que atribuye a la peste están unidas por asuntos que incumben a la religión. La
religión es una explícita conexión con Defoe, y es una de las causas del por qué lo cita reiteradas
veces.
Delumeau está compartiendo la mirada de Defoe a sus
contemporáneos, a pesar de que
pertenezcan a dos siglos diferentes. Aquí radica lo que considero
importante y es que Delumeau está
sumergido en los pensamientos, los comentarios, y el relato de Defoe,
porque las citas que realiza son parte
del comportamiento de la gente de la época. Como, por ejemplo:
“Los ricos, por supuesto, eran los primeros en marcharse,
provocando de esta forma el
enloquecimiento colectivo. Entonces podía verse el espectáculo de las
colas ante las oficinas que daban los
permisos de salida y los certificados de salud, y también el atasco de las
calles llenas de coches y de carromatos.
Oigamos el relato de D. Defoe […]”[3]
No solamente se da en esta cita, sino en muchas otras, en donde
toma a Defoe para ejemplificar a la
peste, y a las personas de la época. Es por ello que menciona a “los
ricos” como los que realizan el primer
escape, dándonos a entender que poseen casas por fuera de las murallas, y los pobres pueden probar
suerte huyendo a quién sabe dónde, o quedándose con lo poco que poseen, pero con
la posibilidad de sucumbir ante la muerte. Otro punto importante del vínculo que realiza Delumeau
con Defoe es la cercanía que produce con el ambiente
catastrófico: “Apenas se podía pasar por una calle sin ver en ella algunos
cadáveres en el suelo”[4].
La utilización de la primera persona en la obra de Defoe es lo que
permite una cercanía aún mayor con el autor de la que ya teníamos con las
críticas a los gobernantes
y religiosos.
Delumeau, si bien explica con una síntesis
maravillosa lo que ocurrió en los años de la peste, no es la excepción y se ve
atrapado como lector. Podría aventurarme a decir que Delumeau tomó como fuente
principal a Defoe. Si bien el texto tiene citas de otras obras que hablan sobre
la peste, Delumeau comparte una mirada triste, desesperada, que atraviesa el libro. Lo
describe como el poder de “bloquear
todas las rutas del futuro”[5]y que “la peste sacudía de este modo, por partida doble, las bases del psiquismo tanto
individual como colectivo”[6]. El retrato que nos muestra Delumeau, no es nada más, ni
nada menos, que la mirada gris de Defoe. De todas maneras, el texto de Delumeau
presenta una estructura más académica y nos brinda algunos datos más
específicos sobre la peste, como también un resumen. Podría decir, un
pantallazo de la calamidad que atravesó Europa
desde el año 1346 hasta el año 1722.
En ambas obras está presente el aspecto triste y
lúgubre de la peste. La ruptura social y de las jerarquías están presentes en
los dos textos. En las citas, no solo
se demuestra que la
peste es horrorosa, sino también que las personas pueden llegar a serlo
en tiempos de crisis. En Defoe observamos cómo
el ser humano puede destruirse y reconstruirse a la vez, tanto individual como
colectivamente, con momentos de caridad o de mezquindad. Este es el aporte que
considero principal. Las citas que traje a colación son aquellas que me permitieron situarme en los años 1664
y 1666, pero también me dejaron reflexionando sobre los tiempos actuales, y
cómo pueden adaptarse a nuestro presente. Por supuesto que, si bien pareciera que tenemos una visión precisa de alguien que vivió aquel
horror, puede haber límites a la veracidad del
relato. El propio protagonista del Diario
del año de la peste nos cuenta lo que llegó a sus oídos por medio de sus
vecinos. Espero con este escrito haber
incitado a los lectores a abordar el texto de Defoe y a observar con sus propios ojos cómo la peste -o un virus-
pueden incidir en el comportamiento de
las personas.
Por Florencia Miranda, estudiante de
la Lic. en Historia.
Escrito en el marco de asignatura
Taller de Lectura y Escritura Histórica.
[1] DEFOE, D. (1722). Diario del año de la peste, p. 94. A
partir de
https://biblioteca.org.ar/resultados.php?texto=diario%20del%20año%20de%20la%20peste
[2] Ibid. p. 1.
[3] DELUMEAU, J. (2012). El
miedo en Occidente (siglos XIV-XVIII). Una ciudad sitiada, Barcelona:
Taurus, p. 175.
[4] Ibid. p. 181.
[5]Ibid. p. 184.
[6]Ibid. p. 184.